Entrevista en Página/12

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Nuevos caminos para una voz

Al frente de Nightwish hizo rendir al público de heavy metal de todo el mundo, pero su camino posterior busca otras facetas. En Buenos Aires, la cantante finlandesa puede vivir, componer y grabar con una tranquilidad que resulta imposible en su país.

Por Mario Yannoulas

Los intentos de Tarja Turunen por dominar el castellano convidan una alegoría cómoda acerca de su carrera. Una cantante lírica que se ve involucrada en un mundo totalmente ajeno como el del heavy metal, en el que tuvo que aprender a reacomodarse luego de ser despedida de Nightwish, una de las bandas que renovaron el oxígeno del universo pesado hace poco más de una década. “Fue como gatear otra vez”, dibuja la finesa radicada en Buenos Aires, apelando al idioma con el que procura amigarse después de unas vacaciones.

La puerta de los estudios El Pie está todavía semioculta detrás de un grupo de fanáticos vestidos de negro que sacan las últimas fotos, tras haber catado el adelanto de Colours in the Dark, el tercer álbum solista de Tarja, al que también accedió Página/12, y que este fin de semana tuvo su lanzamiento global. “Me llevó como dos años componerlo y uno producirlo, pero fue un lindo viaje. Las canciones son más progresivas y pesadas, por eso es un poco más difícil de escuchar que los anteriores”, subraya. “Estoy tratando de salirme de las reglas. Soy una cantante lírica, hace muchos años que estudio música clásica, en la que hay que seguir muchas normas. Mis músicos y mi familia insistieron en que no pensara tanto, que sintiera y fuera adonde tuviera ganas de ir con la música. Por eso este disco es el más importante que hice, es el que más tiene que ver con mi propia identidad.”

Atrapó su aparición como cantante de la banda de power metal sinfónico Nightwish –que siguió adelante sin ella–, tanto gracias a la naturaleza de su voz poco habitual para la estética pesada como a su presencia escénica que, a diferencia de otras mujeres que incursionan en el estilo, no buscó legitimarse en la imitación de las formas masculinas, sino en la afirmación de lo femenino. Despedida en 2005 por sus ex compañeros a través de una extraña carta abierta en la que la acusaban de “exceso de divismo”, emprendió el viaje solista, donde debió empezar casi desde cero. Y el grado exasperante de popularidad del que goza en Finlandia hace que estar con ella en la quietud de un recinto porteño sea como charlar con el Indio Solari en algún rincón calefaccionado de Helsinki. Así es que, hace poco tiempo, ocultó su embarazo hasta que pudo llegar a Finlandia y anunciar oficialmente que era madre de una hija. “Hicimos giras durante los primeros cinco meses de embarazo, en Brasil empezaron a preguntarme y yo negaba todo: ‘Comí mucha pizza’, decía (risas). Los fans no llegaron a verme con la panza gigante, era invierno y tenía mucha ropa. Fue muy lindo tener a mi bebé con privacidad y tranquilidad. Al anunciarlo, sabía que iba a ser una bomba. Dijeron que el bebé no era mío, que había adoptado… todo tipo de rumores. En algún momento, escribir música sobre la sensación de ahogo que siento en Finlandia puede ser una salida”, rebobina.

Además de incluir un cover de Peter Gabriel –uno de sus artistas favoritos–, Colours in the Dark resulta, efectivamente, el trabajo más original y personal de Tarja hasta el momento. En ese juego entre el filo de las guitarras y la dulzura de las teclas, la cantante encuentra el hilo donde hamacar su voz, con un armado de banda poco despreciable: el baterista Mike Terrana (Malmsteen, Rage, y más), el bajista Doug Wimbish (The Rolling Stones, Living Colour), Alex Scholpp (Farmer Boys) y el argentino Julián Barrett (Asspera, Barilari) en guitarras, entre otros. “Le presté mucha atención al sonido, quería que lo produjera Tim Palmer (Pearl Jam, The Cure) para lograr un sonido claro y de guitarras muy pesadas, pero sin perder la cosa sinfónica, que es muy importante en mi música. Todavía trabajo con orquestas, coros, ese tipo de arreglos”, detalla.

–¿Le sigue pesando el desafío de encarar un trabajo solista?

–Empezar fue muy difícil. Yo no componía canciones con Nightwish, y no sabía si tenía esa capacidad. Hoy siento un cambio muy lindo, y me doy cuenta de lo nerviosa que estaba en 2007. Hoy ya no estoy nerviosa: cuando me siento frente al piano, las cosas fluyen. En los trabajos pasados todavía no había encontrado mi camino.

–Cuando empezó con Nightwish tuvo que ganar un espacio que no existía en ese momento.

–En realidad, nunca sentí que tuviera que ganar mi espacio, pero todo el metal fue raro para mí, nunca lo había escuchado hasta que empecé con la banda. Escuchaba mucho rock de los ’70 y ’80, Led Zeppelin, Whitesnake, Alice Cooper, pero no heavy metal. Jamás pensamos que íbamos a girar, pero pasó. La banda creció mucho y muy rápido. Yo estaba abierta a que me pasaran cosas, aunque siempre seguí estudiando música clásica. Era mi primera pasión, mi mano derecha, la que me dio confianza.

–La hegemonía del género sigue siendo masculina. ¿Hasta qué punto cree que su aparición pudo modificar ese escenario?

–El heavy metal sigue siendo un mundo de hombres. Sin embargo, hay muchas mujeres que cantan en bandas del estilo, y varias chicas me comentaron que empezaron a cantar en bandas pesadas después de escucharme a mí. Es lindo saber que eso lo hice bien. Mi visión acerca de lo pesado cambió mucho después de esa experiencia: ahora sigo a muchas bandas de metal, que es como mi mano izquierda. Me encantan las guitarras bien pesadas, del sonido más norteamericano, por eso no estoy escuchando tanto metal melódico, porque siento que las guitarras tienen que golpear más. El metal hoy es parte de mi vida.

Metal con marca nórdica

Principalmente a partir de la década del ’90, empezó a ser cada vez más palpable el crecimiento global de muchos grupos de heavy metal provenientes de países nórdicos europeos. Con sus particularidades, puede identificarse a Nightwish como parte de esa ola que aún hoy incluye clásicos y revelaciones. Tarja Turunen opina: “Creo que ese fenómeno tiene algo que ver con la oscuridad y el invierno muy duro que tenemos en Finlandia. Se ve mucha depresión, sufrimiento, y es una cultura muy cerrada, donde la gente no acostumbra hablar abiertamente sobre sus problemas. Entonces, la salida es la música. Además, es muy normal que los chicos estudien música, como empecé yo cuando tenía seis años. Personalmente, no me siento bien en la oscuridad, por eso me encanta vivir en Buenos Aires, donde hay mucha más luz, que es energía para mí”.

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